
Por: Juan Pablo Castillo/ CEO FOUNDER Politicomms.
En la madrugada del 3 de enero de 2026, Caracas vivió una de las noches más confusas y decisivas de su historia reciente. El hombre que durante años desafió a la mayor potencia militar del planeta dejó de estar al mando del Estado venezolano. No fue un bombardeo masivo, ni una invasión tradicional. Según reportes públicos y documentos oficiales disponibles, fue descrita como una operación relámpago, breve, quirúrgica y diseñada para colapsar el poder desde dentro (Seelke, 2026; Reuters, 2026b).
Lo que ocurrió exactamente minuto a minuto aún está envuelto en versiones cruzadas. Pero el ángulo que más importa, si lo miramos desde comunicación política, es este: en crisis de poder, el relato siempre llega después; lo primero que llega es el hecho. Y el hecho fue que, tras meses de presión sostenida, Estados Unidos ejecutó una acción que cambió el tablero y obligó a todos los actores a reposicionarse, en público y en privado (Seelke, 2026).
Durante meses, Washington venía escalando una operación que el propio CRS describe como una campaña de presión y acciones militares que culminó con la captura y traslado de Maduro y Cilia Flores a Nueva York para enfrentar cargos federales (Seelke, 2026). En paralelo, relato y presión económica se mezclaron: voces de Naciones Unidas y expertos independientes han descrito el contexto inmediato como uno de hostilidades, impacto humanitario, y tensiones sobre la legalidad internacional de la operación (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [OHCHR], 2026a; OHCHR, 2026b).
El apagón estratégico
En la madrugada circularon videos, audios, versiones de explosiones, cortes, “drones”, disparos, y un patrón típico de estas coyunturas: mucha evidencia visual, poca evidencia verificable en el momento. Lo más consistente en documentos citados y reportes oficiales es que hubo una neutralización rápida de la capacidad de mando y control, acompañada por un colapso temporal de coordinación y una posterior disputa por el encuadre: quién controla la versión “oficial” y quién impone la interpretación “popular” (Seelke, 2026; OHCHR, 2026a).
Aquí hay una regla dura de comunicación: cuando alguien te apaga el sistema, no solo te apaga la logística; te apaga el relato. Te deja sin voz, sin timing, sin control de agenda. Y eso, en política, es medio golpe de Estado comunicacional (Seelke, 2026). Esta frase debe leerse como metáfora analítica: describe la pérdida de control narrativo y de agenda, no un juicio jurídico.

Recreación con IA de los ataques en Caracas, Venezuela el 3 de abril.
La grieta interna
Luego viene el tema más sensible: la narrativa de “traición interna”. En operaciones así, es lógico que el debate se vaya a inteligencia humana, filtraciones, quiebres de lealtad. No porque sea novela, sino porque la velocidad y precisión suelen requerir información desde adentro (Seelke, 2026).
Y aquí entra el punto fino: incluso si nadie lo confirma, el simple hecho de que sea plausible ya comunica algo. Comunica que el régimen no estaba “cerrado” como decía estarlo. Comunica que hubo fisuras, o por miedo, o por cálculo, o por supervivencia.
Once minutos (y la política del espectáculo)
Trump, en su estilo, convirtió la captura en “mensaje”. No solo anunció el resultado; lo empaquetó como demostración de control, rapidez, y humillación simbólica del adversario. En comunicación política eso es clave: no basta con ganar; hay que mostrar que ganaste de forma inevitable, casi natural, para que los indecisos se alineen solos (Seelke, 2026).
Y a nivel de Estados Unidos, el mensaje no fue únicamente hacia Caracas. Fue hacia el sistema internacional y hacia su propia política doméstica: “puedo actuar rápido, puedo imponer agenda, y puedo obligar a todos a reaccionar” (Reuters, 2026f).

Recreación con IA de los ataques en Caracas, Venezuela y captura de Nicolás Maduro el 3 de abril.
Capas del análisis: cuando las acciones hablan más que las palabras
La capa del relato (lo que se dice)
Estados Unidos se justificó en el marco de seguridad: crimen organizado, narcotráfico, “narco-terrorismo”, y la idea de que Venezuela era una amenaza operativa (Seelke, 2026). Venezuela y aliados respondieron con el marco clásico: agresión, violación de soberanía, secuestro, precedente peligroso (OHCHR, 2026a; OHCHR, 2026b).
Hasta aquí, todo normal: marcos narrativos en choque.
La capa de los datos (dato mata relato)
Si queremos ponernos serios, hay que amarrar los marcos a números, porque ahí es donde se caen muchos discursos (o se sostienen).
Corredor y amenaza real: en la discusión regional, estimaciones citadas por la DEA ubican el tránsito por el corredor Caribeño como una fracción minoritaria del flujo norte-bound (del orden de 7–8% en un año fiscal), lo que matiza la idea de “ruta principal” como justificación dominante (Drug Enforcement Administration [DEA], 2017). Esto no niega crimen, pero sí cambia el peso del argumento.
Qué es “narco-terrorismo” en términos legales: en EE. UU. no es solo un insulto político; existe como figura penal en 21 U.S.C. § 960a, vinculada a provisión de apoyo/material a organizaciones terroristas en conexión con narcotráfico. Es decir: el gobierno puede intentar encajar el caso en una herramienta jurídica específica, aunque la discusión probatoria sea otra historia (Legal Information Institute, n.d.).
Colapso económico (no es ideología, son cifras): el FMI estima que entre 2013 y 2021 el PIB de Venezuela cayó más de 75%, y que en 2020 más del 95% de la población vivía bajo la línea de pobreza (International Monetary Fund [IMF], 2022). Eso es un derrumbe de país, no un “bache”.
Crisis migratoria (impacto regional directo): ACNUR reporta que los refugiados y migrantes venezolanos han llegado a casi 7.9 millones a nivel global (United Nations High Commissioner for Refugees [UNHCR], n.d.). Ese número explica por qué toda América Latina está metida en esta historia aunque no quiera.
Petróleo (la ficha geopolítica): la EIA documenta que Venezuela tiene ~303 mil millones de barriles de reservas probadas (las mayores del mundo), alrededor del 17% de las reservas globales, pero produjo solo ~0.8% del crudo mundial en 2023 (U.S. Energy Information Administration [EIA], 2024). Traducción: el petróleo es gigante como potencial, pero hoy es una palanca política más que una potencia productiva inmediata.
Cuando juntas estas piezas, el cuadro cambia: el argumento “seguridad por ruta principal” se vuelve debatible; el argumento “Estado colapsado y crisis regional” se vuelve difícil de negar; y el petróleo aparece como incentivo estructural, no como teoría conspirativa (DEA, 2017; EIA, 2024; IMF, 2022; UNHCR, n.d.).
La capa geopolítica (lo que realmente se está diciendo sin decirlo)
Aquí es donde un comunicador estratégico se pone incómodo, porque no es lo que “suena bonito”, es lo que se lee.
Mensaje a China: Reuters reportó explícitamente que EE. UU. usó la operación para enviar señal a China sobre su presencia en el hemisferio (“keep away from the Americas”, dicho en términos políticos) (Reuters, 2026f). Eso es geopolítica pura: no solo es Caracas; es Beijing leyendo el tablero.
Mensaje energético y a Cuba: también vía Reuters se reportó una advertencia de Trump hacia Cuba ligada al flujo de dinero/petróleo desde Venezuela, o sea, “esto también va por la arquitectura de alianzas y caja negra regional” (Reuters, 2026e).
Mensaje interno en EE. UU.: el Senado avanzó una resolución de poderes de guerra para limitar acciones futuras sin autorización del Congreso (52–47), lo cual te dice que incluso en Washington hay temor de escalamiento y “campaña prolongada” (Reuters, 2026c; Reuters, 2026d). Ese dato, por sí solo, comunica que la discusión no es si pasó; es qué sigue, cuánto se expande y quién paga el costo político.
La capa de derechos humanos (lo que la región no puede ignorar)
Independiente de simpatías, hay un elemento que vuelve a aparecer: el historial de represión y violaciones graves. Informes de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU documentan patrones de violaciones, represión y posibles crímenes de lesa humanidad en años recientes (OHCHR, 2024; OHCHR, 2026b). Eso importa por dos razones:
A nivel de relato, legitima (para algunos públicos) el “fin de régimen”.
A nivel de derecho, complica la transición: porque “cambio de mando” no borra responsabilidad, y porque sin garantías de proceso y verdad, el conflicto se recicla.

Imagen creada con IA: Donald Trump y fuerzas militares coordinando la captura de Maduro.
La parte incómoda: desinformación, sesgo ideológico y la trampa emocional
Lo que más contamina esta coyuntura no es solo la propaganda; es el sesgo de confirmación. La gente no está buscando entender: está buscando munición para su postura. Y ahí se muere el análisis.
En redes, vas a ver venezolanos felices y venezolanos furiosos. Es normal. No hay que “explicar Venezuela a los venezolanos”. El punto para nosotros (LatAm y Guatemala) es otro: entender consecuencias. Porque el costo real no lo pagan los tuiteros; lo pagan las economías, la migración, el petróleo, las sanciones, la seguridad fronteriza, y la polarización regional (UNHCR, n.d.; IMF, 2022).
Epílogo abierto: qué se comunica con lo que viene
De aquí en adelante, hay indicadores simples para leer el futuro, sin tanta novela:
Si el control territorial y de mandos se estabiliza o se fragmenta.
Si el Congreso en EE. UU. logra frenar, encuadrar o auditar la intervención.
Si el tema petróleo se convierte en “administración” (gestión, contratos, sanciones, Chevron, etc.) o en botín político.
Si el tema migratorio baja o sube (y eso se mide en flujos, no en discursos) .
Si se instala una ruta creíble de justicia/transición o se cambia un poder por otro sin rendición de cuentas.

Imagen creada con IA: Captura de Nicolas Maduro.
La lección no es “quién tenía razón”, sino cómo se ordena el poder cuando el hecho rompe el discurso. En comunicación política, la victoria no se consolida con un anuncio: se consolida cuando el público percibe inevitabilidad, coherencia y evidencia verificable. Venezuela —y la región— no van a decidir su futuro por el volumen del relato, sino por lo que ocurra con el control institucional, la economía real, la migración y la rendición de cuentas. Todo lo demás es propaganda: útil para encender emociones, inútil para gobernar consecuencias.
REFERENCIAS
Drug Enforcement Administration. (2017, October). 2017 National Drug Threat Assessment (DIR-040-17). U.S. Department of Justice. https://www.dea.gov/sites/default/files/2018-07/DIR-040-17_2017-NDTA.pdf
International Monetary Fund. (2022, December 7). Venezuela’s migrants bring economic opportunity to Latin America. IMF. https://www.imf.org/en/news/articles/2022/12/06/cf-venezuelas-migrants-bring-economic-opportunity-to-latin-america
Legal Information Institute. (n.d.). 21 U.S. Code § 960a — Narco-terrorism. Cornell Law School. https://www.law.cornell.edu/uscode/text/21/960a
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2024, October 14). Detailed findings of the Independent International Fact-Finding Mission on the Bolivarian Republic of Venezuela (A/HRC/57/CRP.5) [PDF]. https://www.ohchr.org/sites/default/files/documents/hrbodies/hrcouncil/sessions-regular/session57/advance-versions/a-hrc-57-crp-5-en.pdf
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2026a, January 3). Venezuela: UN Fact-Finding Mission expresses grave concern following US attack and capture of Nicolás Maduro. OHCHR. https://www.ohchr.org/en/press-releases/2026/01/venezuela-un-fact-finding-mission-expresses-grave-concern-following-us
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2026b, January 7). UN experts condemn US aggression against Venezuela. OHCHR. https://www.ohchr.org/en/press-releases/2026/01/un-experts-condemn-us-aggression-against-venezuela
Reuters. (2026b, January 6). US Republicans insist no “endless war” looms in Venezuela. Reuters. https://www.reuters.com/world/us/us-republicans-insist-no-endless-war-looms-venezuela-2026-01-06/
Reuters. (2026c, January 8). US Senate advances measure curbing Trump’s Venezuela military action. Reuters. https://www.reuters.com/world/americas/us-senate-vote-reining-trump-venezuela-2026-01-08/
Reuters. (2026d, January 8). Trump says US oversight of Venezuela could last years. Reuters. https://www.reuters.com/world/americas/trump-says-us-oversight-venezuela-could-last-years-2026-01-08/
Reuters. (2026e, January 11). Cuba defiant after Trump says island to receive no more Venezuelan oil or money. Reuters. https://www.reuters.com/world/americas/trump-suggests-cuba-should-strike-deal-with-us-2026-01-11/
Reuters. (2026f, January 11). With Venezuela raid, US tells China to keep away from the Americas. Reuters. https://www.reuters.com/world/china/with-venezuela-raid-us-tells-china-keep-away-americas-2026-01-11/
Seelke, C. R. (2026). U.S. capture of Venezuela’s Nicolás Maduro: Considerations for Congress (IN12618, Version 5). Congressional Research Service. https://crsreports.congress.gov/product/pdf/IN/IN12618
U.S. Energy Information Administration. (2024, February 8). Country Analysis Brief: Venezuela [PDF]. https://www.eia.gov/international/content/analysis/countries_long/Venezuela/pdf/venezuela_2024.pdf
United Nations High Commissioner for Refugees. (n.d.). Venezuela situation. UNHCR. Recuperado el 11 de enero de 2026, de https://www.unhcr.org/emergencies/venezuela-situation









